La conmovedora historia de Terry Fox y su lucha contra el cáncer

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De Terry Fox se dice que era una persona tranquila, algo solitaria, pero con carácter competitivo y ganador lo que le sirvió para salir adelante a pesar de las dificultades que tuvo que enfrentar. 

Fue amante del baloncesto, empezó siendo reserva hasta convertirse en parte imprescindible en la plantilla; incluso en el último año de la secundaria recibió el título de Atleta del Año.

En 1976, después de graduarse ingresó a la universidad al programa de Kinesiología; su objetivo era convertirse en profesor de Educación Física y seguir jugando basket, y así sucedió; aunque no por mucho tiempo…

En marzo de 1977 tras un constante dolor en la rodilla recibió un diagnóstico inesperado; la persistente molestia era un sarcoma osteogenico.   Debido a la rápida propagación de este tipo de cáncer de hueso, los médicos recomendaron la amputación de su pierna derecha 15 centímetros por encima de la articulación y un tratamiento severo que garantizaría que las células malignas no se propaguen.

Terry Fox fue el segundo de cuatro hermanos; junto a su familia vivía en Vancouver Canadá, donde se recuperó y adaptó a la pierna artificial mientras recibía su quimioterapia. 

En varias entrevistas Terry Fox aseguró que luego de ver sufrir a muchas personas mientras estaba hospitalizado, sus prioridades cambiaron.  

No entendía cómo había tan poca inversión en la investigación contra el cáncer y estaba decidido a hacer algo al respecto.    

Lo contrataron en el equipo de baloncesto en silla de ruedas de la ciudad con el que ganó varios campeonatos y a la par comenzó a planificar alguna forma de recaudar fondos para luchar contra la enfermedad que lo estaba agobiando.

Terry Fox la bautizó como Maratón de la Esperanza.  

Terry atravesaría el territorio canadiense de oeste a este más o menos 8 mil kilómetros.  

Pensaba recorrer cada día 42 kilómetros y conseguir una donación de al menos un dólar por cada ciudadano.

Así, el 12 de abril de 1980 en medio de una época de mucho viento y lluvia inició el recorrido. Fox llenó dos botellas con agua del océano Atlántico y mojó en su orilla la prótesis.  

Una de esas botellas la guardaría para la posteridad y la segunda la vertería al llegar al otro extremo del país en el océano Pacífico.

Las primeras imágenes mostraban a un Terry con muchos problemas para moverse y su lucha por resistir el clima

Correr le causaba gran dolor en la pierna izquierda y en el muñón, por la presión que ejercía.

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