¿Cuánto tiempo puede vivir una civilización antes de colapsar?
Una investigación concluye que las posibilidades de derrumbe de las civilizaciones aumentan cuando consumen recursos más rápido.

Una escena de la película de 1927 'Metropolis' de Fritz Lang.
Captura de Pantalla
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Actualizado:
29 may 2026 - 10:34
A mediados del siglo XX, cuando la humanidad descubrió que tenía la capacidad para destruirse a sí misma, Einstein y Oppenheimer imaginaron un reloj simbólico que medía la cercanía del desastre.
Pero la amenaza no ha sido nunca exclusiva del espectro nuclear. Así lo documenta un artículo publicado recientemente.
El agotamiento de recursos, la fragilidad institucional o las posibles crisis tecnológicas han funcionado como los puntos clave para que un grupo de investigadores intente determinar cuánto tiempo puede mantenerse activa una civilización antes de colapsar.
En ese afán, los autores esbozaron 10 futuros posibles para dentro de mil años.
El trabajo ha sido liderado por la astrobióloga Celia Blanco, investigadora del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA) y del Instituto de Ciencias del Espacio Blue Marble de Seattle en Washington, e intenta explorar cómo distintas combinaciones de consumo de recursos y gobernanza pueden conducir a sociedades estables, colapsos recurrentes o largos ciclos de reconstrucción.
“El modelo no está pensado para explorar qué consecuencias tiene cada configuración”, apunta Blanco.
Los escenarios del estudio funcionan, más bien, como variaciones para resolver una interrogante: ¿qué tipo de civilización logra sobrevivir?
En algunos futuros, la humanidad entra en espirales de crisis casi permanentes.
En otros, consigue estabilizarse durante siglos. Mientras, una situación estable es minoría.
“Las utopías estables son probablemente los escenarios menos plausibles”, señala Blanco.
“No porque sean imposibles, sino porque requieren condiciones que no vemos en la Tierra actual: una auténtica post escasez, gobernanza global distribuida y ausencia de riesgos existenciales”, explica la investigadora.
Esos escenarios optimistas, identificados en el artículo como Edad de Oro y Fuera del Edén, describen civilizaciones capaces de mantener crecimiento y estabilidad sin sufrir colapsos que lo destruyan todo.
En el extremo opuesto aparecen modelos como Gran hermano o Espada de Damocles, donde la concentración de poder, la fragilidad política o la exposición a riesgos extremos motivan colapsos recurrentes.
Una galaxia de civilizaciones apagadas
El estudio también trata de responder a la pregunta de por qué no hemos captado señales de otras inteligencias en el universo.
Según el modelo utilizado, muchas civilizaciones podrían pasar gran parte de su existencia en estados de inactividad.
Eso quiere decir que alternan periodos encendidos con siglos de silencio. Eso, apuntan en el trabajo, reduciría enormemente la probabilidad de detectar señales desde otro punto de la galaxia.
“La principal enseñanza es que el silencio que observamos no implica necesariamente que estemos solos”, afirma Blanco.
“Podría reflejar simplemente que la mayoría de civilizaciones están apagadas la mayor parte del tiempo”.
El deterioro es progresivo
Uno de los puntos centrales del trabajo de Blanco, junto a los astrobiólogos George Profitiliotis y Jacob Haqq-Misra, es que las civilizaciones no necesitan una gran catástrofe para colapsar, como un cometa o un meteorito que destruyera a los dinosaurios, pandemias globales u otros eventos extremos.
Basta, apuntan, con consumir los recursos más rápido del ritmo al que se regeneran. “Es probablemente lo que más debería preocuparnos”, advierte la investigadora española.
“Es la palanca que más mueve la aguja en casi todos los escenarios. Civilizaciones que no controlan su consumo acaban colapsando incluso sin guerras o desastres globales”, sostiene.
La científica utiliza una imagen para resumirlo: una casa con una gotera en el tejado.
El problema no suele ser el primer día de lluvia, sino ignorar durante demasiado tiempo un deterioro progresivo hasta que la estructura deja de sostenerse y se derrumba hasta convertirse en escombros.
Otra variable que los autores han identificado es la capacidad de recuperación.
Cuánto conocimiento se conserva, cuánta infraestructura sobrevive y cuánto tarda una sociedad en reorganizarse tras una crisis determinarán su supervivencia. “Una sociedad que cae, pero se levanta rápido, puede persistir indefinidamente.
En cambio, una que sufre un colapso menor, pero pierde la capacidad de reconstruirse, puede desaparecer”, explica.
“Las civilizaciones que persisten son las que saben volver a levantarse”, enfatiza la autora.
Los investigadores describen un mundo sometido a ciclos periódicos de destrucción y renacimiento.
Pero también escenarios donde el futuro depende en gran medida de las decisiones humanas.
“El destino de una civilización es más una cuestión de planificación y diseño que de suerte”, sostiene la investigadora.
“Las decisiones que se toman ahora sobre infraestructura, gestión de recursos o preservación del conocimiento determinarán en qué escenario terminamos”, afirma Blanco.
Contenido publicado el 19 de mayo de 2026 en El País, ©EDICIONES EL PAÍS S.L.U.. Se reproduce este contenido con exclusividad para Ecuador por acuerdo editorial con PRISA MEDIA.
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