Suscríbete a nuestras notificaciones para recibir las últimas noticias y actualizaciones.

Debes habilitar las notificaciones en tu dispositivo para suscribirte a las últimas noticias.

¿Es legítimo usar la IA para escribir un libro?

Hay autores que trabajan mano a mano con estos programas, pero muchos escritores, lectores y editores rechazan su uso.

Un momento de la representación de el astrólogo o las profecías falsas, escrita al estilo de Molière por una IA, en un montaje de La Sorbona en colaboración con otras entidades.

Stephanie Lecocq (Reuters) 

Actualizado:

29 jun 2026 - 15:19

La premisa es inquietante y tiene gancho: una chica en una situación económica precaria que acepta vivir como si fuera el perro de un lascivo hombre rico.

La historia se desarrolla en Shy girl (chica tímida, no publicada al español), una novela de terror que una joven desconocida, Mia Ballard, se autopublicó en Amazon a principios de 2025. 

Tras alcanzar éxito en TikTok, Hachette Book Group la compró y se publicó en el Reino Unido en noviembre de ese año. Después se desató la polémica en redes.

Un análisis del libro en Pangram, una de las herramientas más utilizadas por los académicos, aseguró que el 70% de la novela estaba escrito por una inteligencia artificial. 

La presión provocada por la avalancha de lectores indignados contribuyó a que Hachette, que afirma defender la “originalidad creativa”, retirara el libro, del que ya se habían vendido 1.800 ejemplares. 

De nada sirvió que Ballard tratara de defenderse alegando que fue el editor que contrató para revisar la novela quien hizo uso de IA y no ella.

Perdida su credibilidad como escritora, su carrera parece haberse truncado de forma irreversible.

La polarización de opiniones está obligando a que las editoriales se posicionen.

Hay quien opina que si las editoriales dejaran de publicar mala literatura, la IA no sería un problema, pero en algunos foros de Reddit los lectores más radicales en su desconfianza afirman no leer ya literatura posterior a 2020, algo injusto para las nuevas generaciones de escritores.

Lo preocupante es que no se puede saber con certeza si la novela está efectivamente escrita por una máquina o no, pese a que los detectores de IA se jacten de tener una tasa de falsos positivos de solo el 1%. 

Si escribes en un idioma del que no eres nativo, tu tasa personal de falsos positivos puede ser mucho mayor, lo que te expondrá a ser acusado injustamente”, explica en una cafetería Tim Requarth, neurocientífico de la universidad de Nueva York y autor de la newsletter (en Substack)

The Third Hemisphere, especializada en cómo la IA transforma nuestro cerebro.

“El daño de esas acusaciones recae con más fuerza sobre quienes ya tienen más probabilidades de ver cuestionada su credibilidad”. 

La continua exposición a la IA en el ecosistema en el que vivimos hace que, por otra parte, la forma de expresión se esté homogeneizando. 

“La IA suena cada vez más como un ser humano, pero los humanos suenan cada vez más como la IA”.

Según el escritor canadiense Stephen Marche, en la actualidad los autores creen disponer solo de dos opciones: no usar la IA (algo que él considera retrógrado) o fingir que no la utilizan. 

Reconocer su uso desata la controversia. Como le sucedió a la premio Nobel Olga Tokarczuk, que poco después de comentar que se había apoyado en la IA para desarrollar su última novela, tuvo que clarificar de inmediato que la había utilizado solo como herramienta para documentarse y verificar datos con más rapidez, no de forma creativa.

Todo el mundo va a utilizar o ya utiliza la IA por el solo hecho de buscar en Google.

Es muy buena para el procesamiento de datos y como asistente para la investigación, facilita rápidamente documentación como qué música escuchaba la burguesía del Japón del siglo XIX, explica por teléfono el escritor Miguel Ángel Hernández. 

Para mí la línea roja es utilizarla para la escritura creativa. No me parece ni ético ni que tenga sentido, porque trabaja con lo que ya ha sido escrito, con convenciones, y tiende a unificar la estructura de la frase. Aplana el lenguaje y genera un estilo.

Se lleva las frases a un universo que ya no pertenece al autor”.

Otros consideran que el problema no es la coautoría con máquinas, sino la falta de transparencia. De acuerdo al Reglamento Europeo de IA aprobado en 2025, los textos generados con IA deben ser etiquetados como tal. 

También existen certificaciones o logos que garantizan que los autores son humanos; el problema es que no hay una constatación fiable de que sea cierto más allá de la palabra del escritor.

Marche, que escribió su primera historia con IA en 2017 para Wired, publicó Death of an Author en 2023, una novela que desarrolló apoyándose en herramientas de IA como ChatGPT, Sudowrite y Cohere más allá del corta y pega.

Mis instrucciones eran muy elaboradas y luego modificaba las respuestas con Sudowrit; o bien escribía con un modelo predeterminado que creé en Cohere”, explica por correo electrónico.

Marche se considera 100% autor de la obra, ya que para él la IA es un recurso “igual que la cámara para un fotógrafo”

Su novela se convirtió en la primera generada por IA reseñada en The New York Times, que consideró el libro una hazaña. Y sin embargo, tres años después, se ha convertido en un precedente incómodo. 

“Después de eso, el mundo literario prácticamente hizo imposible publicar obras creadas con IA”, continúa Marche, haciendo hincapié en que, sin embargo, tanto los escritores jóvenes como los editores usan cada vez más la IA. 

“El mundo literario ha creado una situación en la que se niega a reconocer el poder de esta nueva tecnología mientras esta va erosionando la base misma de la escritura”.

El filósofo italiano Andrea Colamedici hizo algo similar a Marche al crear con IA Hipnocracia: Trump, Musk y la nueva arquitectura de la realidad (Editorial Rosamerón), que publicó bajo el nombre inventado de Jianwei Xun, engañando a toda una industria. 

Y en este sentido, cabe preguntarse lo que planteaba el director de L’Espresso, Emilio Carelli, ante la polémica suscitada: “Si las tesis del libro son correctas o al menos han logrado suscitar un intenso debate cultural, ¿qué importa que hayan sido escritas por inteligencia artificial?”.

El debate alcanza el teatro: Molière Ex Machina es una obra auspiciada por La Sorbona en colaboración con el Théâtre Molière Sorbonne, Obvious Collective y Mistral AI, escrita con ayuda de la IA, que juega con el concepto de que la habría podido firmar Molière de haber vivido un año más.

Pierre-Marie Chauvin, vicepresidente de Artes, Ciencias, Cultura y Sociedad de la universidad, afirma en su web que el objetivo es “desmitificar la IA”, ya que “no reemplaza al ser humano, sino que se convierte en cocreador”. 

Pero tras su estreno en la Ópera Real del palacio de Versalles el 5 de mayo, algunos espectadores afirmaban que podía haber sido escrita enteramente con humanos, ¿hasta qué punto la colaboración con la IA era necesaria?

La mayoría de editores aún no se han posicionado respecto a las posibles cocreaciones.

Nunca me he encontrado ante un autor que me confesara usar la IA para escribir su libro —explica al teléfono Judith Feher-Gurewich, fundadora de la editorial estadounidense Other Press—. 

Si están tratando de inventar un estilo a modo experimental, puede que lo sopesara. Honestamente, no sé cómo reaccionaría”. Y añade: “Pero yo publico a voces únicas. Estoy convencida de que Antonio Muñoz Molina —autor suyo— nunca utilizaría IA para ayudarse a escribir, lo confundiría muchísimo. Él sigue su pensamiento”.

Según Marche, “si la IA se utiliza de forma fascinante y poderosaserá fascinante y poderosa. Si se utiliza de manera aburrida, manida, perezosa y corruptora, la obra que produzca será aburrida, manida, perezosa y corrupta”.

Contenido publicado el 18 de jun de 2026 en El País, ©EDICIONES EL PAÍS S.L.U.. Se reproduce este contenido con exclusividad para Ecuador por acuerdo editorial con PRISA MEDIA.