De Airbnb a refugio de gatos: la casa de infancia de Trump se vende por USD 1,93 millones
La casa donde Donald Trump vivió hasta los cuatro años fue Airbnb y refugio para gatos. Ahora una familia la compró por una cifra millonaria.

La casa de la infancia de Donald Trump en Queens, Nueva York, se vendió por una cifra millonaria.
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Actualizado:
24 sep 2026 - 11:09
Desde la parada de metro de Jamaica-Calle 179 de Queens hasta Wareham Place hay solo unos 10 minutos andando. Pero un abismo separa estos dos lugares.
De los abigarrados edificios bajos con comercios llenos de gente, en los que es difícil encontrar a un blanco, hasta las casas unifamiliares con su cuidado jardín en medio de calles tranquilas donde rara vez pasa algún coche.
“Otras zonas de Queens eran conflictivas, pero este sitio era un oasis”, dijo Donald Trump en una entrevista en 2015.
Este “oasis” era donde vivió de niño el hoy presidente de Estados Unidos en una casa que una familia acaba de comprar por USD 1,93 millones (casi 1,7 millones de euros).
La vivienda donde el pequeño Donald dio sus primeros pasos no destaca hoy entre la hilera de chalets de esta zona privilegiada de Queens, uno de los cinco distritos de Nueva York.
Recién reformada con ventanas y puertas nuevas, en su interior ya se pueden ver embalajes que sugieren una mudanza inminente.
Esta coqueta casa estilo Tudor, construida en 1940, se puso a la venta en noviembre del año pasado por 2,3 millones de dólares.
Desde que su inquilino más famoso se mudara a la Casa Blanca por primera vez, ha pasado por distintas fases.
“Esto ahora está muy tranquilo, pero cuando Trump ganó las elecciones en 2016 era una completa locura. Había periodistas por todas partes preguntando por la casa y por los Trump”
John Sing, morador del sector
A partir de ese momento, cuando el mundo se quedó perplejo ante la victoria electoral de un magnate conocido por el gran público por el reality show The Apprentice, la casa de Wareham Place se convirtió en centro de peregrinaje de fans que, por el módico precio de USD 725 la noche en Airbnb, podían pasar la noche entre las paredes en las que el hombre más poderoso del mundo —con permiso de Xi Jinping— comenzó a gatear.
La oferta incluía dormir en una casa decorada con merchandising del republicano, como una figura suya en cartón a tamaño real, portadas de revistas enmarcadas y ejemplares de bolsillo de su libro El arte de la negociación.
Unas placas señalaban el que “probablemente” era el dormitorio de infancia del presidente, y la habitación donde “probablemente” fue concebido.
Pero el negocio no debía ser muy boyante —los 725 dólares por noche parecen disuasivos hasta para el mayor de los trumpistas—, porque tiempo después pasó un periodo de abandono, en el que los únicos habitantes eran unos gatos callejeros.
Algunos de ellos todavía rondan hoy por el exterior.
Ese periodo acabó en marzo de 2025, cuando un empresario compró el inmueble de cinco dormitorios y tres baños por 835.000 dólares, lo reformó y lo puso a la venta en noviembre por 2,3 millones. Un negocio redondo.
Trump pasó en esta casa solo sus primeros cuatro años, pero vivió mucho más en el vecindario.
Porque sus padres, Fred y Mary Anne, se trasladaron a unos metros de distancia a una mansión de ladrillo mucho más grande —de 23 habitaciones— y mucho más ampulosa, con columnas blancas que recuerdan —¿tema de estudio para algún psicoanalista?— a la Casa Blanca.
Los responsables de la venta han dicho que los compradores desean vivir en la casa y permanecer en el anonimato.
Y que en su decisión no tuvo nada que ver quiénes eran sus antiguos ocupantes.
En el vecindario hay división de opiniones.
Mohsena Mustafá, una mujer de 57 años de origen bangladesí que vive en una casa cercana, dice que, aunque haya pasado mucho tiempo, es un honor para el barrio haber tenido un vecino tan ilustre.
“Trump es un hombre de negocios que trabaja mucho para defender al país”, asegura.
Justo lo contrario de lo que piensa un hombre que pasea a su perro, que no entiende cómo alguien ha pagado ese dineral por una casa tan pequeña.
Al preguntarle el nombre, responde con un gesto de negación.
“¿Acaso usted no se ha enterado? Trump persigue a todo el mundo que lo critica. No quiero que vea mi nombre en un periódico”, se despide.
Contenido publicado el 18 de septiembre de 2026 en El País, ©EDICIONES EL PAÍS S.L.U.. Se reproduce este contenido con exclusividad para Ecuador por acuerdo editorial con PRISA MEDIA
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