El PSG de Willian Pacho empata y avanza a octavos de final; el Real Madrid también se clasifica
El Paris Saint-Germain de Willian Pacho aseguró su pase a los octavos de final de la UEFA Champions League. Real Madrid también clasificó.

El festejo de los jugadores de la PSG por la clasificación
EFE
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Actualizada:
25 feb 2026 - 17:33
El Paris Saint-Germain de Willian Pacho aseguró este miércoles 25 de febrero su pase a los octavos de final del de la UEFA Champions League tras un empate con el AS Mónaco (2-2) en la revancha de los 'playoffs'.
El campeón de Europa, el PSG, estará en octavos por décimo quinto año consecutivo, no tanto por la brillantez de su juego como por la confianza en sus opciones, que valieron para conseguir, con un suficiente ramplón, un empate que les permite seguir adelante gracias a la victoria lograda en la ida.
La fragilidad de la clasificación quedó patente en el tramo final, cuando con un jugador menos Teze consiguió el empate en el 92 y tres más tarde Faes falló por centímetros el gol que habría forzado la prórroga.
Si en la ida los defensores del título firmaron una remontada épica ante un equipo reducido por la expulsión de Golovin a falta de 48 minutos, en el Parque de los Príncipes no mejoraron la imagen frente a un rival que también jugó con uno menos desde el 58.
Solo entonces consiguieron los parisinos dar la vuelta a un marcador que Akliouche había puesto cuesta arriba al borde del descanso y que allanaron Marquinhos y Kvaratskhelia en la segunda mitad.
La trayectoria de menos a más que augura una y otra vez Luis Enrique apoyándose en el ejemplo del pasado curso tarda en hacerse realidad, pero el equipo tiene tantos recursos que habrá que verle exigido por un rival de talla para conocer si el bache que atraviesa es circunstancial como repite el técnico o más estructural.
Ante el Mónaco, un equipo bien armado, bien conformado pero sin alma, no hizo falta más que un aprobado por los pelos para confirmar el resultado de la ida y caminar hacia los octavos donde ya no podrá esperar más la mejoría.
Si el buen juego todavía no aparece en un equipo mermado por las lesiones, que añora al Balón de Oro Ousmane Dembélé y al español Fabián Ruiz, pilar del centro del campo, el espíritu de lucha no ha abandonado a los del Parque de los Príncipes.
Ahí es implacable el técnico que insufla una fe ciega que empapa desde la grada al tuétano de los futbolistas. Nadie baja los brazos ante el zumbido permanente que llega de los fondos y esa fe le mantuvo a flote ante un equipo del Principado que les mostró las costuras, pero que no supo rematar al campeón.
En la ida se colocaron 2-0 antes de sucumbir 2-3 con uno menos durante casi toda la segunda mitad y una semana más tarde volvieron a sembrar de dudas a la capital con un inicio abrumador, sustentado en un centro del campo poblado y una defensa muy adelantada que las huestes de Luis Enrique no supieron desenmarañar.
Coulibaly en el 9 puso en vilo el alma de los parisinos, Kehrer llevó el susto dos minutos más tarde y Camara en el 30 y Balogun en el 38 obligaron a Safonov a manchar los guantes.
Sin noticias del PSG en ataque durante casi toda la primera mitad, Barcola asomó al área rival en el 41 con un trallazo que hizo temblar el larguero de Köhn.
Pero cuatro minutos más tarde el escenario soñado por el Mónaco lo hizo realidad Akliouche, que estrenó su marcador europeo tras varios rechaces en el área de Safonov.
La bronca de Luis Enrique en el vestuario debió ser de la talla de la sorpresa que invadía la grada y el campeón entró más enchufado en el segundo acto, con un dinamismo en el juego que contrastaba con la apatía del primero.
No hizo falta más para poner el duelo de su lado a partir del 55, cuando el árbitro enseñó en tres minutos dos amarillas a Coulibaly que condenaban de nuevo a los monegascos a una gesta muy por encima de sus capacidades.
Ni un minuto tardó Marquinhos en aprovechar la superioridad para igualar el partido tras un mal rechace de Zakaria y poner a salvo la defensa del título de los parisienses.
Con uno más y con ventaja, la eliminatoria parecía sellada y en el 66 Kvaratskhelia puso otro clavo en el ataúd del Principado tras aprovechar un rechace de Köhn.
Los cánticos del Parque de los Príncipes resonaban en el eco de un Mónaco que perdió la moral y el empuje y lo que quedaba de partido fue un monólogo de los locales, que pese a su dominio volvieron a evidenciar sus dificultades para marcar.
Y en el tramo final sus carencias defensivas, con el gol de Teze que les privaba de un tercer triunfo consecutivo, algo que no logran desde hace casi dos meses, y de la ocasión final de Faes que a punto estuvo de alargar su agonía.
Real Madrid se clasifica en la revancha de Vinicius
La eliminatoria no la podía resolver otro jugador. Vinicius Junior se tomó su particular revancha con el Benfica tras el capítulo de Lisboa y volvió a bailar. Sacó al Real Madrid de la duda en un frío Santiago Bernabéu, con un tanto que dio el pase a octavos de final, reafirmando su liderazgo sin Kylian Mbappé.
La madurez de Vinícius llega desde su reacción al conflicto. Hubo un tiempo que estar en el foco de la polémica rebajaba su nivel en el terreno de juego. No ocurrió en Da Luz tras los presuntos insultos racistas ni tras los gestos de la grada. Una herida que cicatrizó en el Bernabéu derrumbando las esperanzas del Benfica cuando veía opciones de llevar el duelo a la prórroga.
Sin el reencuentro esperado con José Mourinho, que ni apareció por el Santiago Bernabéu ni su nombre sonó por megafonía. Con el clima rebajado de tensión ante la ausencia de Gianluca Prestianni, al que UEFA mantuvo la sanción, el tercer partido consecutivo entre Real Madrid y Benfica rebajó decibelios y fútbol, sosteniendo la emoción del pase con el temor al batacazo por momentos en el estadio.
Entre la especulación del Real Madrid y la valentía del Benfica arrancó un partido que volvió a demostrar que el equipo de Arbeloa es vulnerable en cuanto rebaja mínimamente la tensión. Sin poder agarrarse al gol de Mbappé, obligado a parar para recuperarse de su dolencia de rodilla, jugó con fuego en un inicio a merced del rival.
Sirvió para que el Benfica aumentase las esperanzas de desafiar a la historia. Nunca un equipo portugués había vencido en el Santiago Bernabéu y, por momentos, lo sintió cerca. Un Real Madrid endeble, carente de seguridad, con espacios entre líneas, al que cada llegada del rival le dañaba. Sostenido, cómo no, por Courtois.
Ya había avisado Rafa Silva, tras un túnel a Asencio, cuando dinamitó el duelo a los catorce minutos. Aprovechó un agujero en el lateral izquierdo, sin Carreras y con Camavinga llegando tarde a tapar el centro al corazón del área que encontró un despeje hacia su portería de Asencio, respondido con reflejos por Courtois, que nada pudo hacer ante el balón en boca de gol que mandaba a la red Rafa Silva.
A la bofetada de realidad le faltó continuidad del Benfica a corto plazo por un grave error de Otamendi. Su pérdida en el inicio de jugada levantó al Real Madrid de la lona. Le devolvió la confianza. El robo en zona alta, acabó con la aparición con potencia de Fede Valverde por el costado derecho, su pase atrás y el golpeo preciso de Tchouaméni. Un premio merecido al jugador que sostuvo a su equipo en la eliminatoria.
La reacción, sin embargo, no recuperó una versión del equipo de Arbeloa que se acercara a la de Da Luz. Parecía entonarse con más balón, tras un disparo lejano de Camavinga y cuando apareció Vinícius. Primero con un disparo blando que dio paso a un centro a la cabeza de Valverde, que propiciaba un tanto de Gonzalo anulado por un fuera de juego de milímetros. Su única aparición en un partido gris.
La falta de finura ofensiva agravaba las carencias defensivas. Tembló el Real Madrid en cada ataque rival, sin saber poner freno a la precisión ofensiva del Benfica. Schjelderup puso un balón que se paseó sin encontrar rematador y Courtois realizaba la parada del partido. Respondió al latigazo de Ríos, el sustituto de Prestianni, con una mano firme abajo pegada al palo.
El partido pedía la irrupción de un líder y Vinícius quiso serlo. Hizo sufrir a Dedic en su marca, explotando velocidad pero sin la precisión de la ida en los metros finales hasta que llegó su momento. También Fede Valverde desde un esfuerzo innegociable, falto de acierto en el remate cuando la tuvo en el arranque del segundo acto para despertar a una grada muda y quitar el susto del cuerpo. El pase preciso de Trent lo enganchó mal con todo para marcar.
El partido lo tuvo el Benfica donde quiso tras mantenerse en pie, sin agobios, después de un córner cabeceado por Asencio y un disparo pegado al poste de Trent. Ante un Real Madrid mermado, sin recambios en el banquillo de garantía, con ausencias como Bellingham y Rodrygo que pudiesen cambiar el panorama, cuando dio el paso definitivo, acarició el 1-2.
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