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Los jóvenes que intentan desintoxicarse de los celulares

El 5,7% de los niños y adolescentes en España presenta un uso problemático de las pantallas, según Unicef.

Una persona consulta su móvil en la Gran Via de Barcelona.

GIANLUCA BATTISTA

Actualizada:

13 feb 2026 - 18:20

Andrés W. (32 años) tiene en su casa una especie de museo de viejos celulares. La mayoría son poco convencionales. Modelos y marcas que dejan rastro de sus múltiples intentos por frenar la dependencia del propio aparato y de determinadas aplicaciones. "Es como una adicciónFui probando límites de tiempo, dejando el móvil fuera de la habitación, pero todo se me hacía muy difícil”, cuenta.

Desde 2019 se reconoce inmerso en un largo proceso de desintoxicación digital, con idas y venidas, que incluyó usar un teléfono de apenas siete centímetros con el que solo podía hacer llamadas. Su caso ejemplifica un problema que no deja de crecer entre los jóvenes.

Cualquier momento cotidiano que obligue a esperar la llegada de un metro o un plato en un restaurante se ocupa habitualmente con la mirada fija en el móvil, que ofrece estímulos inmediatos e infinitos. 

Andrés que prefiere no revelar su apellido empezó a tomar conciencia de que para él era un problema en 2019, cuando reparó en la cantidad de tiempo que pasaba frente al celular y en cómo lo asociaba casi siempre a actividades de ocio.

“Mi problema era sobre todo el Instagram, pero cuando lo dejaba, me atrapaban los vídeos cortos de YouTube”, lamenta. Activó los mecanismos de control de uso. Sin éxito. “Era muy fácil quitárselos”, admite.

Aprendió a esquivar cualquier barrera que se autoimpuso. “Cada obstáculo que creaba, acababa superándolo. Siempre encontraba una forma de entretenerme”, relata. Fue cuando percibió que el problema era más profundo. “Ahí me pregunté si sería capaz de vivir desconectado. Llegó un sufrimiento terrible”, reconoce.

En su búsqueda de alternativas, Andrés fue cambiando de dispositivo. En 2022 empezó con un teléfono básico de estilo años 90, el L8STAR BM10, un intento de desconexión radical que no llegó al mes. Después pasó al Punkt MP02, un modelo minimalista centrado en llamadas y mensajes. 

Durante casi tres años combinó ese dispositivo con un iPhone 8, en un equilibrio frágil entre control y tentación. Desde hace un tiempo utiliza Balance Phone, un sistema basado en bloqueos de software que limita el acceso a determinados contenidos desde el propio diseño del aparato, por ahora su última tentativa.

Según Carlos Fontclara Bargalló, uno de los fundadores de Balance Phone, el dispositivo bloquea aplicaciones “que no tienen un fin de uso determinado”, como videojuegos, apuestas, redes sociales o plataformas de vídeo bajo demanda. “Google Maps, por ejemplo, lo permitimos porque te lleva del punto A al punto B. Netflix no, porque todo su sistema está diseñado para que te quedes dentro", explica.

La experiencia de Andrés no es excepcional. Forma parte de una generación que creció en un entorno digital y que vive sometida a una presión constante para estar siempre conectada. Sin embargo, el uso excesivo de pantallas rara vez se percibe como un problema. “No se ve como una adicción. 

Se interpreta como un pasatiempo o como algo ligado a personas que trabajan demasiado”, explica Jan Ivern, psicólogo clínico y especialista en adicciones comportamentales. El problema, añade, no suele ser una sola red social. Plataformas como YouTube, el consumo ocasional de pornografía, los videojuegos o cualquier otro contenido diseñado para captar la atención “funcionan bajo la misma lógica.”

Contenido publicado el 27 de enero de 2026 en El País, ©EDICIONES EL PAÍS S.L.U.. Se reproduce este contenido con exclusividad para Ecuador por acuerdo editorial con PRISA MEDIA.