25 años del 11-S: Henry, víctima del atentado, soñaba con una casa para su madre en Biblián, Ecuador
Teleamazonas.com viajó hasta el cantón Biblián, en la provincia de Cañar, para conocer a la familia de Henry Fernández, uno de los ecuatorianos que perdió la vida tras el atentado a las Torres Gemelas.

El recuerdo de Henry Fernández sigue intacto en su hogar, en Biblián, provincia de Cañar, Ecuador, tras 25 años del atentando del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York
Roberto Cadena.
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Actualizada:
11 sep 2026 - 00:00
Cobijado por montañas y cerros que contrastan con los techos de las viviendas, el 'pueblo mágico' de Biblián vio crecer a una de las víctimas de una tragedia que cambió el mundo, pero sucedió a miles de kilómetros del 'Cantón Verde del Austro' ecuatoriano.
En las calles cortas de esta ciudad, ubicada en el centro sur de la provincia de Cañar, sigue intacto el recuerdo de Henry Fernández Idrovo, tras un cuarto de siglo del atentado terrorista a las Torres Gemelas de Nueva York.

Este 11 de septiembre de 2026, Guillermo Pérez y Miguel Calle reviven la memoria de la infancia, la realidad detrás de la migración y el trágico 11 de septiembre de 2001, reflejados en los devastadores minutos que apagaron la vida de su primo, un joven ecuatoriano que tenía 23 años.
Un niño de barrio, tradición y cancha
Henry nació el 5 de enero de 1978 en el Hospital Homero Castanier Crespo. Se crió en el emblemático Barrio El Vado, en la zona céntrica de Biblián.
Con un hermano, un año menor, y sus primos, creció jugando fútbol en la calle y en medio del alegre ruido, propio de la infancia.
Era un apasionado por el fútbol. Le gustaba ver a la Selección Ecuatoriana y alentar al Barcelona SC y al club local de su barrio, El Vado.

Estudió la primaria en la tradicional Escuela Daniel Muñoz Serrano, donde asistían los varones de la familia por legado de los tíos. Y hasta el tercer curso estuvo en el Colegio Camilo Gallegos.
Su cotidianidad en el Austro ecuatoriano dio un giro cuando, a mediados de los 90, la crisis económica de la época tocó a la familia Fernández Idrovo.

El compromiso con la familia llevó a la migración
En 1994, Henry tomó una decisión determinante para un adolescente de apenas 16 años: dejar el colegio y emigrar a Estados Unidos.
La ausencia de su padre y una acumulación de deudas familiares dejaron a la madre de Henry, doña Cecilia Idrovo, al frente de la economía del hogar, que sostenía con un pequeño salón de belleza.
Los ingresos no alcanzaban para cubrir los gastos del viaje de Henry, además de los estudios de sus hermanos y las necesidades del hogar

Al llegar a Nueva York, Henry comenzó a trabajar en fábricas de ropa, con jornadas de más de 10 horas diarias, por seis días a la semana.
Sus salarios iniciales bordeaban los USD 250 semanales. La mayor parte la enviaba a Biblián para que su madre saldara las deudas del viaje.
"Su meta era entregarle una casa a su mamá y decirle: 'Toma, esta es tu casa, ya no pagues más arriendo'. Ese era su sueño"
Guillermo Pérez, primo de Henry.
De las fábricas al piso 106 de la Torre Norte
Hacia 1998, gracias a la recomendación de un amigo y coterráneo, Henry logró ingresar a trabajar en el emblemático Windows on the World, un prestigioso complejo de restaurantes, ubicado en los pisos 106 y 107 de la Torre Norte del World Trade Center.
Henry empezó en puestos de limpieza y cocina. Luego, su perspicacia e inteligencia le abrieron paso rápido en el área de repostería.

Como pastelero, su jornada se iniciaba a las 07:00. El horario era más llevadero y el sueldo alcanzaba entre USD 700 y USD 800 semanales.
En los primeros meses del 2000, su hermano menor y su primo también viajaron a Estados Unidos para acompañarlo.
Los tres compartían un departamento en Queens con otros migrantes. En un dormitorio improvisado, con colchones en el suelo, Henry mantenía intacto su plan de financiar la construcción de la casa de su madre y luego apoyar el mismo objetivo para otros miembros de su familia.

El trágico 11 de septiembre de 2001
Aquel 11 de septiembre, la mañana comenzó con un clima fresco en Nueva York. A las 08:46, el vuelo 11 de American Airlines se estrelló directamente contra la Torre Norte.
El impacto fue entre los pisos 93 y 99. Henry y todos los trabajadores del Windows on the World quedaron atrapados a en la parte superior.
Por política de trabajo, Henry guardaba su celular en el casillero del vestidor para evitar distracciones.
A las 09:00, tras el impacto del segundo avión en la Torre Sur, Henry logró llamar a sus familiares. Su primo Miguel le pidió que abandone el edificio, pero era imposible.
En esa breve llamada, el joven alcanzó a avisar que recibió por parte de sus jefes la indicación de permanecer adentro, a la espera de instrucciones.
Mientras tanto, su hermano y sus primos, quienes trabajaban en Manhattan y Queens, vieron desde sus ubicaciones la densa columna de humo.
Trataron de marcarle desesperadamente, pero no respondió al teléfono. Y después sucedió lo que el mundo entero vio 25 años atrás: ambas torres colapsaron, una después de la otra.
Búsqueda y repatriación
Ante el colapso de las comunicaciones y con las rutas de transporte cerradas entre Queens y Manhattan, la familia en EE.UU. emprendió una búsqueda incansable por hospitales y clínicas de la ciudad.
"Era traumático y muy triste. El olor a humo y carne quemada invadía las calles de la ciudad".
Miguel Calle, primo de Henry Fernández
Para agilizar la identificación del cuerpo, en los días posteriores al atentado, uno de los primos acudió al dentista de Henry en Nueva York para solicitarle sus placas y registros dentales y entretgárselas a las autoridades.
Asimismo, aportaron detalles clave: un tatuaje con la imagen de Cristo en el brazo derecho y un anillo de oro.
A los nueve días, las autoridades confirmaron el hallazgo del cuerpo de Henry en las inmediaciones de la 'Zona Cero'.
Tras la identificación, con la colaboración de entidades diplomáticas ecuatorianas y la comunidad de migrantes, el cuerpo fue preparado para la repatriación.

El último adiós en su tierra natal
El féretro de Henry Fernández llegó al Ecuador en un vuelo directo que aterrizó en Guayaquil y luego fue trasladado vía terrestre hasta la provincia del Cañar, con el apoyo del Cuerpo de Bomberos de Biblián.
Luego de siete años de luchar por él y su familia en una tierra ajena, fue uno de los primeros ecuatorianos fallecidos en el atentado en ser repatriados al país.

El sepelio en Biblián movilizó prácticamente a toda la población, autoridades y medios de comunicación locales y nacionales.
Y con la desgracia llegó la paradoja. Las indemnizaciones y ayudas otorgadas tras el atentado sirvieron para que el sueño por el que Henry había partido a EE.UU. a los 16 años se haga realidad. Se construyó para su madre una casa propia.
Un legado vivo
25 años después, cuando sus primos y amigos se reúnen en el barrio El Vado a conversar o preparar una comida, la figura de Henry Fernández es el centro de las anécdotas.
Sus ocurrencias para eludir la lavada de platos tras el almuerzo; o su entusiasmo por comprar una miniván 'viejita' para ir al parque a jugar fútbol son recuerdos que no se borran.

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