Suscríbete a nuestras notificaciones para recibir las últimas noticias y actualizaciones.

Debes habilitar las notificaciones en tu dispositivo para suscribirte a las últimas noticias.

Darth Vader convive con Picasso y Banksy en el nuevo gran museo de George Lucas en Los Ángeles

Con 1 200 obras expuestas, el museo de George Lucas mezcla el clasicismo y la cultura pop en un nuevo espacio artístico en L.A.

Mellody Hobson y George Lucas en la presentación del Lucas Museo de Arte Narrativo

Mike Blake (Reuters)

Autor

María Porcel

Actualizado:

28 sep 2026 - 16:18

Contar el mundo a través de imágenes. La humanidad lleva haciéndolo desde hace milenios: desde las pinturas primitivas hasta la fotografía, el cine, la televisión del salón y las pantallas omnipresentes de hoy.

Si a lo largo de las últimas décadas alguien ha sabido crear emociones a través de las imágenes, ese es George Lucas, de 82 años, director, escritor, productor y mente pensante detrás de fenómenos que han moldeado la cultura contemporánea, como Star Wars e Indiana Jones.

Su buen ojo no solo ha estado en el cine, sino también, durante décadas —gracias a los jugosos beneficios del cine—, en el arte. Desde que era universitario, ha reunido una inmensa colección de unas 40 000 obras que ahora ha decidido compartir con el mundo.

Una especie de refulgente nave espacial acoge su colección desde el martes, 22 de septiembre, con la inauguración del Lucas Museum of Narrative Art en Los Ángeles.

Por ahora, tiene unas 1 200 obras expuestas en una treintena de galerías, algunas dedicadas a artistas, pero la mayoría temáticas, que interpelan al visitante sobre el amor, la familia, la escuela, el cine, el manga o la fotografía.

Todo ello al sur del sur de California, en lo que era un antiguo aparcamiento de cemento junto al centenario estadio Coliseum —que en 2028 recibirá sus terceros Juegos Olímpicos—.

Allí, las cuatro patas, las dos alas y el inmenso tragaluz del museo, que ha tardado casi una década en construirse y que casi recae en Chicago, refulgen entre el césped verde, en un enorme parque de cuatro hectáreas y media con 300 árboles, como pinos y jacarandas.

El recinto acoge más de 30 000 metros cuadrados de edificio, con dos salas de cine que suman 600 butacas, cafeterías, restaurantes, biblioteca y zonas de estudio, además de 10 000 metros cuadrados de exposición.

Para el visitante europeo ducho en grandes pinacotecas, el primer golpe, en la primera planta, choca tanto que podría sonrojar.

En ella se explican los orígenes de la narrativa: los héroes, los mitos y lo sagrado.

Hay originales, como un cuadro de Artemisia Gentileschi, pero junto a ellos se exhiben, mezcladas sin apuro, copias y reproducciones de la Cúpula del Vaticano o de Las Meninas.

“Creo que el Vaticano es un gran ejemplo”, explica la CEO del museo, Tracey Bates, británica, en una conversación con EL PAÍS, “porque cuando vas te encanta, te sobrepasa, es una experiencia increíble, y yo me siento privilegiada de haber ido.

“A veces asumimos que todo el mundo va, y no es así, y debemos recordarlo. Tampoco se ve tan de cerca. Ves la gloria de la Capilla Sixtina, pero no la historia de la Capilla Sixtina".

CEO del museo, Tracey Bates

“Acercándonosla tanto, George nos muestra la historia, nos dice: ‘Miguel Ángel es un artista renombrado, pero en su día era un ilustrador, así que tenemos que mostrarles el mismo respeto a los ilustradores”.

Con la voz tocada y una evidente mezcla de emoción y cansancio, explica que lleva desde enero como CEO, cuyas tareas son muy similares a las de un director de museo europeo, y casi siete años como consultora de Lucas y su esposa, Mellody Hobson.

A su vez, la pareja lleva 20 años dándole vueltas a la idea del museo, con una colección que él empezó hace 60 años y de la que, como se enorgullece en el catálogo del museo, editado por Taschen, no ha vendido jamás ni una sola pieza.

De ahí que esa primera planta sea una especie de introducción, plenamente visual, de la historia del arte.

Después llega el plato fuerte. En la cuarta planta se despliega su treintena de galerías.

Todo está mezclado, no hay problema. Así, el pintor estadounidense Norman Rockwell tiene una sala propia con medio centenar de obras, pero sus cuadros también se ven en las galerías temáticas del amor, la familia y otros temas.

Hay galerías dedicadas a los pintores N. C. Wyeth, Maxfield Parrish, Frank Frazetta y Thomas Hart Benton, y a la ilustradora Jessie Willcox Smith, todos ellos estadounidenses de principios y mediados del siglo pasado. Sus cuadros también se mezclan por otras zonas.

En el paseo, al que hay que dedicar un mínimo de tres horas, brillan las galerías dedicadas al cine.

La gran protagonista es Star Wars; Indy tiene poca representación, apenas una estatua de bronce.

De la saga se exponen algunos bocetos y pinturas originales, así como naves, trajes y elementos usados en las películas en distintas décadas.

Solo unos pasos las separan de cuadros clásicos de Alphonse Mucha o Diego Rivera, de un Tintín original de Hergé o incluso de una obra, también de estilo cómic, de Pablo Picasso.

“No estamos atados a las mismas normas que un museo normal porque hemos construido nuestro propio museo”, explica Bates, “así que las normas no existen. Y eso ha sido muy divertido”.

Como cuenta, las obras y las galerías irán rotando. Todo ha sido diseñado de manera intencionada para ello.

Igual de intencionado es el hecho de que no haya cartelas.

“Sí, porque queremos mostrar la narrativa de un solo vistazo, una historia que puedas ver y entender. George fue muy consciente, al trabajar con el equipo de comisarios, de que el arte debía hablar”, reconoce.

“Vas a un museo, empiezas a leer sobre una pieza y al momento te cambia la opinión de lo que estás mirando. Ha habido intención al no hacer eso aquí. Queremos que la imagen y la historia en esa imagen sean lo que veas y lo que te atrape.

“Si quieres más explicaciones, hay una guía digital de acceso gratuito. Pones tu teléfono frente a la obra y te da contexto”.

La quinta y última planta antes de su verde azotea está dedicada al muralismo.

Lucas posee y expone aquí murales, a los que califica en el catálogo de estar “entre las formas más antiguas de arte narrativo”. Además, alaba que “en un mundo saturado de efímeras imágenes digitales, los murales ofrecen un tempo distinto, requieren presencia física, anclan las historias a lugares específicos”.

Además de una gran reproducción de Rivera (“no sería correcto traérnoslo de México, claro”, afirma Bates, “debe estar donde está, pero sin él no contamos esa historia”), también hay media docena de originales de Banksy, tanto de sus paredes como de sus plantillas de estarcido.

La mayor parte de las obras están conectadas con lo político, como Crash y depresión: deportación mexicana o Miedo rojo y McCarthismo, ambos de la mexicano-americana Judith F. Baca, mente tras la obra colectiva El gran muro de Los Ángeles.

Quienes lleguen una planta más arriba —a menudo está cerrada para eventos privados— podrán disfrutar de la terraza verde del edificio, de sus tragaluces y observar su gran parque.

Diseñado por Ma Yansong, de MAD Architects, el edificio ha sido realizado con más de un millar de paneles de fibra de vidrio por más de 150 arquitectos e ingenieros, con una tecnología que no existía hasta hace apenas una década.

Acompañado del Museo de la Academia y de la flamante ampliación del LACMA, el Lucas Museum busca convertirse no solo en un polo de atracción artístico, sino también en epicentro cultural de la ciudad.

De ahí que tenga una hermosa biblioteca curva con miles de ejemplares de consulta sobre cine y arte, entre ellos, 3 000 donados por el actor Steve Martin.

También cuenta con una docena de salas de estudio y dos cines donde se podrán ver documentales y películas, tanto sobre las obras y autores expuestos como de diversos temas en los ciclos que se están programando.

También será un foco para eventos, en una ciudad donde cada velada es una fiesta.

“George lleva construyendo esto décadas y yo he tenido el placer de hacerlo seis años y medio. Va a ser emocionante abrir las puertas para el público. Porque para eso es un museo: para la gente”.

CEO del museo, Tracey Bates

Contenido publicado el 21 de septiembre de 2026 en El País, ©EDICIONES EL PAÍS S.L.U.. Se reproduce este contenido con exclusividad para Ecuador por acuerdo editorial con PRISA MEDIA